martes, 11 de diciembre de 2012

Paula

Título original: Paula
Autora: Isabel Allende, Chile, 1942

Una cita: Mi vida se hace al contarla y mi memoria se fija con la escritura; lo que no pongo en palabras sobre el papel, lo borra el tiempo.

Quizás la cita que acabo de escribir sea la que dé vida a esta novela. Creo que podría opinar mejor sobre Paula si antes hubiese leído "La casa de los espíritus", pero lo cierto es que en esta especie de trilogía de la vida de Isabel Allende empecé por el final - hace un par de años leí "La suma de los días", donde Allende relata su vida "después de Paula".

Paula, al contrario de lo que pensaba, no es sólo la historia sobre la muerte de una hija por culpa de una enfermedad poco conocida, la porfiria, y seguramente también por la negligencia de unos médicos que facilitaron el paso de esa joven recién casada a un estado de coma irreversible. Mientras compartía con su hija horas de hospital, de esperanza, de silencio, y también de desesperación  Isabel fue desgranando en estas páginas la historia de su propia vida, que se escribe, inevitablemente, en paralelo a la historia del país que dejó hace décadas y al que, sin embargo, se siente firmemente enraizada: Chile.



La novela es un paseo por el Chile de Salvador Allende, tío de la escritora, y de Pinochet, cuya dictadura determinó el exilio de los Allende a Venezuela. Pero también es una mirada a sus raíces y su pasado, es un ejercicio de memoria tan feroz que a veces me preguntaba, mientras leía, si la anécdotas que se cuentan no serían solo producto de la imaginación de la escritora, pues cuesta creer en una memoria tan poderosa capaz de poner en pie una historia plagada de personajes y sentimientos.

En Paula, y con seguridad también en "La casa de los espíritus", se percibe la espiritualidad de la escritora. Isabel Allende es capaz de comunicarse con sus antepasados, de percibir su presencia, de sentir su compañía. Es una persona unida a la vida no sólo terrenal - tiene una potente forma de integrarse con la naturaleza - sino también a la vida del más allá. Allende convive con naturalidad con sus muertos, y así su tribu, como ella llama a su familia, no conoce límites ni geográficos ni temporales.

A lo largo de la novela, mientras se mezclan historias del pasado con el paso inexorable hacia la muerte de su hija, Allende pasa por todos los estados de ánimo posibles: la rabia y la esperanza, la determinación para seguir luchando, la desesperación o la final aceptación, con una paz sobrecogedora, de la muerte inevitable de su hija. Después de meses de hospital y cuidados intensivos, Allende acaba por recibir el paso a la otra vida con los brazos abiertos y con una tranquilidad de espíritu admirable y envidiable. 



Por último, Allende también nos hace cómplices de su vida profesional, que desemboca, de forma imprevista y no premeditada, en la literatura, actividad de la que se sirve para alcanzar su propia paz interior y en la que se mueve con absoluta desenvoltura, convirtiéndose en una magnífica narradora y contadora de historias. En general me gusta leer sobre la vocación de los escritores y me llaman la atención casos como el de la chilena donde el oficio apareció tardíamente y desde lo más íntimo, sin ningún otro afán que el de vaciar sus entrañas y reconciliarse consigo misma. Isabel comenzó escribiendo Paula como fin para comunicarse con su hija, para ser su memoria durante el estado de inconsciencia, pero termina siendo una preciosa carta de despedida.

sábado, 10 de noviembre de 2012

El olvido que seremos

Título original: El olvido que seremos
Autor: Héctor Abad Faciolince
Seix Barral, 2007

Una cita: Si quieres que tu hijo sea bueno, hazlo feliz, si quieres que sea mejor, hazlo más feliz. Los hacemos felices para que sean buenos y para que luego su bondad aumente su felicidad.


Veinte años después del asesinato de su padre en una calle de Medellín por sicarios paramilitares, Héctor Abad Faciolince afronta el reto de rescatar de su memoria la historia de su padre, de su familia y de su país. Médico humanista, catedrático de universidad, consultor de la OMS, Héctor Abad Gómez dedicó su vida a enraízar en la sociedad colombiana la medicina preventiva y social y la protección de los derechos humanos. Sin embargo, su ideología izquierdista le granjeó una serie de enemistades que desembocaron en su propio asesinato a sangre fría, evento que marcó la vida de su hijo.



El olvido que seremos es un homenaje al padre asesinado, pero también es una novela de hermoso amor franternal y filial, un testimonio de la violencia política que sembró el miedo en Colombia, un alegato contra el terror, un elogio a las personas que dieron su vida luchando por unos ideales en los que creían con firmeza.

Héctor Abad dejó pasar veinte años antes de recrear la vida de su padre. Quizás gracias al tamiz del tiempo, el colombiano logra alejarse del tono lacrimógeno y excesivamente sentimental en que fácilmente podría haber caído. Sin embargo, El olvido que seremos es una novela con una prosa precisa y clara, inteligente y culta. Una obra escrita con lucidez y finura, y con una maestría técnica que esconde intencionadamente ciertos datos para azuzar la expectación del lector y atraparlo de principio a fin. Es, además, un testimonio sincero con la memoria de su padre. No trata de idealizar la figura del progenitor asesinado, sino que revela, superando su pudor, las debilidades y errores de su padre, pero también los suyos propios. En varias ocasiones narra anécdotas que ponen en evidencia su propia cobardía y el lector percibe la vergüenza de sus faltas, de su pasividad.


El ovlido que seremos me ha conmovido, al margen de por la violencia política que describe, por la relación del padre con el hijo. La indulgencia del progenitor con el único varón de su fértil descendencia, la casi ceguera que le impide ver los errores de su hijo, ser crítico con su inconstancia en cada labor que despempeña, con su parálisis o con sus miedos, son enternecedoras. Héctor Abad "hijo" admite que el hecho de haber sido amado por su padre sin fisuras ni condiciones, tal como era, es lo que le empuja a tratar de ser menos malo de lo que su institnto natural le dictaría, aunque la fe que el padre deposita en el ser humano contrasta con el escepticismo que a veces se adivina en el hijo. El escritor es un ejemplo palpable de cómo la educación de los padres es determinante en el carácter de los hijos hasta el punto de crearles unas inseguridades o confianza que les acompañarán por el resto de sus vidas.


El carácter tolerante del médico colombiano se pone de manifiesto también en su respeto por la Iglesia, seguramente debido a la influencia de su matrimonio con Celia Facioleone, miembro de una familia religiosa y conservadora. El hijo y autor de la novela, sin embargo, arremete en muchas ocasiones contra la religión cristina de una forma, desde mi punto de vista, algo cerril. Y pese a sus embestidas, el escritor acaba haciendo tantas referencias a ese Dios al que culpa de sus desgracias, que uno acaba pensando que detrás de su fachada de ateo se esconde una fe paltitante. En este sentido, me veo en la obligación de señalar un dato que me dejó absolutamente perpleja. El olvido que seremos es un profundo trabajo de memoria y documentación plagado de datos y nombres. Sin embargo, en una de sus páginas, Abad Faciolince llega a afirmar que Pío XII fue "una desgracia para los judíos y una vergüneza de la cristiandad". Sin ánimo de extenderme demasiado, tengo que hacer mención al libro "El mito del papa de Hitler", escrito por el rabino David G. Dalin, donde el judío desmonta meticulosamente y con cientos de referencias históricas y documentales el falso mito creado en torno a Pio XII a raíz de una obra de teatro que se convirtió en avanzadilla de un ataque furibundo. Dalin sale en defensa del Papa en un alegato que trata de hacer justicia a la figura de un hombre que salvó de vida de miles de hijos del pueblo hebreo.



La novela de Abad Faciolince toma su nombre de un poema de Borges que Abad Gómez llevaba manuscrito en el bolsillo el día de su asesinato, como si hubiese presagiado su propia muerte. Para hacer frente al "olvido que seremos" y que perdure el recuerdo de su padre, escribe el hijo esta novela. Así lo dice en una de sus páginas: "Es una de las paradojas más tristes de mi vida: casi todo lo que he escrito, lo he escrito para alguien que no puede leerme, y este mismo libro no es otra cosa que la carta a una sombra". Hay una preciosa referencia al miedo al olvido en el discurso que un amigo de Héctor Abad leyó junto a su tumba: "Yo sé que lamentarán la ausencia tuya y un llanto de verdad humedecerá los ojos que te vieron y te conocieron. Después llegará ese tremendo borrón, porque somos tierra fácil para el olvido de lo que más queremos (...) Y llegará ese olvido y será como un monstruo que todo lo arrasa, y tampoco de tu nombre tendrán memoria". Merece la pena leer todo el libro aunque fuera solamente para abordar el último capítulo del libro, titulado "El olvido", el eje en torno al cual se mueve toda la novela y que supone una preciosa reflexión sobre nuestro paso por la tierra.
 
Ya somos el olvido que seremos.
El polvo elemental que nos ignora
y que fue el rojo Adán y que es ahora
todos los hombres y los que seremos.

Ya somos en la tumba las dos fechas
del principio y el término. La caja,
la obscena corrupción y la mortaja,
los triunfos de la muerte y las endechas (...)

viernes, 28 de septiembre de 2012

Libros abandonados

No me refiero con el título el post al abandono físico de los libros en viejas estanterías, en los sótanos de las casas, apilados en cajas de cartón que enmohecen, bajo telarañas que espesan con el paso de los años. Me refiero a la difícil decisión de dejar un libro a medias. No suelo hacerlo, pero confieso que este último año la lista de libros cerrados bastante antes de llegar al punto final asciende a tres unidades, tres tomos que pasaron por mi vida con más pena que gloria.





No es algo que haga a la ligera. No recuerdo quien afirmó que no hay libro tan malo que no contenga algo bueno, y no seré yo quien lo niegue. De hecho, por ese motivo, antes de dar el portazo final, me esfuerzo varias decenas de páginas hasta que la desidia, el aburrimiento, la falta de interés y a veces incluso la indignación, pueden conmigo.

Más difícil es aún confesar que dejé un libro a medias cuando se trata de la obra de un premio Nobel. Sí, claudiqué con "Luz de agosto", de William Faulkner. No puedo alegar que esté mal escrito, sería un sacrilegio decirlo del laureado escritor, ni que resultase difícil su lectura – requería mayor atención "El ruido y la furia" y ahí, sin embargo, la técnica del persperctivismo me mantuvo alerta y despertó mi curiosidad durante toda la obra. "Luz de agosto" me resultó tediosa, lentísima, aburridísima hasta el extremo, tanto, que hacia mitad de la novela fui yo la que puso el punto y final.


La siguiente en discordia fue "Cuatro hermanas", publicado por "Libros de Asteroide". Hasta ese momento, todos los libros de esta editorial me habían resultado, cuanto menos, bastante entretenidos. Sin embargo, "Cuatro hermanas" me pareció a la literatura lo que una película de sobremesa a la cinematografía. Mientras la leía, rememoraba "Mujercitas", la novela que trascendió a su época quizás en gran medida por el carácter irreverente y desbocado de Jo, y cuanto más evocaba la historia de aquellas mujercitas que despertaban ternura y sonrisas, "Cuatro hermanas" sólo conseguía arrancarme algún bostezo y bastante cólera según iba siendo consciente de la pérdida de tiempo que consistía la lectura que esa novela insustancial y previsible.


Cierra la lista de libros inacabados "El jardín olvidado", de la autora de best sellers (si alguien me explique cómo un libro así llega a convertirse en un top de ventas, se lo agradeceré) Kate Morton. Dos páginas, sólo dos páginas, y ya sabía que lo que tenía entre mis manos era un bodrio. Narrada en distintos planos temporales, una nieta investiga los orígenes de su abuela. "El jardín olvidado" es una historia que en ningún punto ha conseguido atraparme y después de cerca de doscientas páginas, he tenido que abandonar por mi propia salud mental.



Compré "Luz de agosto" siguiendo la recomendación de un vendedor de La Casa del Libro. También "Cuatro hermanas" me la aconsejó una desconocida: en este caso, una empleada de la editorial Libros de Asteroide en la Feria del Libro de Madrid. "El jardín olvidado" fue un regalo de mis amigas, que por cierto agradecí inmensamente. Pero si saco una moraleja de todo esto, es que en temas de lecturas, más vale equivocarnos por nosotros mismos.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Casa de verano con piscina

Casa de verano con piscina
Título original: Zomerhuis met zwembad
Autor: Herman Koch (Arnhem - Holanda - 1953)

Marc Schlosser es un prestigioso médico de cabecera que confiesa ejercer su profesión con un alto grado de cinismo. Su vida de burgués acomodado da un giro inesperado cuando llega a su consulta Ralph Meier, un famoso actor holandés que lo invitará a veranear en su casa con piscina. Pese a las reticencias iniciales de su esposa, Marc aceptará la invitación y las familias de ambos, con sus hijos adolescentes, compartirán unos días en los que sus vidas se verán marcadas para siempre.



Después de La fiesta del Chivo, me costó engancharme a esta novela. El cinismo inicial de un médico que no es honesto con sus pacientes no me parecía suficiente hilo argumental. Sin embargo, poco a poco el autor va creando un clima de thriller psicológico en el que el lector se mantiene alerta porque cada personaje pasa a ser sospechoso. Mi impresión es la de que el autor despierta nuestro institnto de supervivencia y así logra mantenernos despiertos, atentos a cada pista que puede ser fundamental.

Leí en una entrevista que Herman Koch había comenzado la novela con la única idea de tener como protagonista a un médico que se siente humillado por sus pacientes, todos ellos artistas arrogantes. Cuando ya había empezado a escribir, salió en prensa la noticia sobre la detención de Roman Polanski en Suiza por sus relaciones con una menor. Koch pensó entonces que este tema podría dar mucho juego en una novela. Estas declaraciones del autor me encajan perfectamente con la impresión que he tenido de Casa de verano con piscina: en un determinado momento, el argumento parece dar un giro de ciento ochenta grados y la obra pasa de ser algo asimilable a una tediosa película de sobremesa a transformarse en un inquietante thriller psicológico.



Koch trata las relaciones sociales, las relaciones de pareja, y las de padres e hijos con acidez y ojo crítico. Ahonda en temas incómodos, políticamente incorrectos, en los prejuicios, en la moral, y lo hace sin juzgar, como un mero espectador, ofreciendo al lector la posiblidad de sacar sus propias conclusiones. La infidelidad y la pederastia son temas principales que flotan en el ambiente y consiguen crear zozobra y desazón en el lector.

El holandés utiliza un estilo muy directo, con un lenguaje demasiado explícito a veces, sin tapujos, seguramente porque su intención es ofrecer la realidad tal como es, sin tabués ni medias tintas, sin delicadeza, en toda su crudeza. Koch ofrece en esta novela de ritmo desigual, llena de altibajos, una imagen despiadada del género humano, donde el instinto de venganza prevalece por encima del perdón.  

domingo, 9 de septiembre de 2012

La fiesta del Chivo

La fiesta del Chivo
Mario Vargas Llosa, 2000

La fiesta del Chivo retrata el asesinato de Rafael Leónidas Trujillo, apodado El Chivo, dictador de la República Dominicana durante algo más de treinta años (1930-1961), pero también es una radiografía del régimen que tuvo  sometido y tiranizado al país durante tres décadas y del inicio de la transición hacia la democracia.

Uno de los aspectos que me fascina de Vargas Llosa es la estructura de sus novelas. En esta caso, la obra sigue tres líneas narrativas entrelazadas. Por un lado, Urania Cabral, hija de Agustín Cabral, ex senador en la era trujillista, regresa a su país tras años de ausencia. La visión de su padre enfermo y el reencuentro con su familia removerán sus recuerdos. En segundo lugar, se narran las últimas horas de la vida de Trujillo, ofreciendo una imagen del círculo interno del régmien, las relaciones de poder, los temores, y las envidias de las cabezas visibles. La tercera línea narrativa se dedica a los protagonistas del atentado perpetrado contra el dictador y a su suerte (o infortunio) durante las horas y días posteriores al asesinato.


Como en otras de sus obras, Vargas Llosa utiliza los planos temporales con una maestría inigualable. Viaja del presente al pasado con desenvoltura y agilidad. Una vez más, utiliza la técnica más cinematográfica que literaria: los flashbacks, que aparecen en los capítulos dedicados a Urania Cabral, y que me han transportado directamente a “La casa verde”, donde por primera vez el autor utilizó esta técnica innovadora.

En un plano más argumental, La fiesta del Chivo es una telaraña de personajes perfectamente radiografiados, sin duda, gracias también a un trabajo de documentación indiscutible y que sin duda supuso un esfuerzo titánico para el autor. Así, el rencor de Urania, el sadismo de Johnny Abbes García o la religiosidad de Salvador Estrella Sadhalá contribuyen a que el lector vaya perfilando a los personajes sin riesgo de perderse en la maraña de nombres y cargos políticos tanto de los miembros más aguerridos del régimen como de sus detractores.


Vargas Llosa confesó que esta novela comenzó a fraguarse muchos años antes de su publicación, en 1975, año en que visitó República Dominicana a fin de supervisar la adaptación cinematográfica de otra de sus novelas. Allí comenzó a oír anécdotas sobre la era trujillista y a interesarse por este periodo negro en la historia de la isla caribeña. El peruano confesó haber rebajado la crueldad de la realidad para dotar a la ficción de más credibilidad, algo que sorprenderá a cualquier persona que lea la novela, pues cuesta creer que la barbarie, las torturas, el sadismo, la abyección, la inmundicia que se describen, sean posibles. Incluso el secreto que Urania Cabral ha guardado tantos años en silencio y que acaba desvelando a sus parientes no es una invención del autor, sino un fenómeno que se repetía con frecuencia durante aquellos años.
El poder, el extremismo, los fanatismos, son temas que el peruano tiene presentes en sus obras (La ciudad y los perros, Conversación en La Catedral, La guerra del fin del mundo, El sueño del celta). Vargas Llosa intenta demostrar que la realidad desmesurada de la que habla no se debe tanto a la naturaleza personal de Trujillo, sino a la acumulación de poder, pues él cree que “la crueldad es una manifestación de ese poder absoluto”. Al peruano le fascinó la relación que llega a establecerse entre el dictador y su pueblo: una especie de vasallaje espiritual que, por culpa de la coacción y el temor, va más allá de la simple servidumbre. Un mundo donde lo militar llega a controlar no sólo la esfera civil, sino también la familiar y profesional.
En mi ranking personal de novelas del nobel peruano, La fiesta del chivo ocupa, sin llegar a eclipsarla, un lugar muy cercano a Conversación en La Catedral. Es una de esas obras que lees con avidez y que, sin embargo, no querrías teminar jamás.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Invitación a un asesinato

Invitación a un asesinato.
Carmen Posadas, 2010
Una cita: Nadie va diciendo por ahí lo que verdaderamente piensa o siente. La hipocresía, o lo que es exactamente lo mismo, la buena educación, es un gran invento que sirve, sobre todo, para evitarnos el molesto espectáculo de los pensamientos ajenos.
Olivia Uriarte, miembro de la alta sociedad española, habitual del papel cuché, invita a un elenco de eclécticos personajes a pasar unos días a bordo de su yate, el Sparkling Cyanide, con el fin de celebrar su quinto divorcio. Sin embargo, una vez a bordo, Olivia desvela a los pasajeros el verdadero objetivo de su invitación: desea ser asesinada.






Invitación a un asesinato es un claro homenaje a las novelas de Agatha Christie. No en vano, la historia se divide en tres partes cuyos títulos coinciden con varias novelas de la inglesa: Cianuro Espumoso, Diez Negritos y Némesis. Sin embargo, la obra podría estructurarse únicamente en dos partes: una primera en que se nos dan a conocer las retorcidas intenciones de Olivia Uriarte y se presenta a los personajes, y una segunda narrada por su hermana Agatha en primera persona donde  intentará resolver el enigma.
Quien haya leído alguna vez una obra de Agatha Christie reconocerá que Invitación a un asesinato sigue el mismo esquema “de manual “ que Christie empleaba en sus novelas: la presentación de los personajes, la ejecución del  crimen, la exposición de motivos  de los diversos sospechosos y la resolución del misterio uniendo las piezas del puzle que acaban dando sentido a la historia.



Si la primera parte de la novela puede resultar un poco lenta o insustancial, en la segunda parte la narradora (Agatha) consigue erigirse como uno de esos antihéroes que se hace con el favor del lector y ofrece una lectura ágil y entretenida. Agatha es divertida, incisiva, y pone de relieve las diferencias sociales entre ella y su hermana con un acertado e irónico sentido del humor. Este personaje que sabe reírse de sí mismo, con el que es inevitable empatizar, es además el único que experimenta una evolución a lo largo de la historia. Y es que Invitación a un asesinato es una obra de entretenimiento, una opción sencilla, algo simplona quizás, para pasar un día de playa o de piscina, una novela sin mayores pretensiones, algo de agradecer después de mi lectura anterior.


lunes, 6 de agosto de 2012

El Zahir

Título original: O Zahir
Autor: Paulo Coelho
Editorial Planeta, 2005

Una cita: No me arrepiento de los momentos en que sufrí, llevo mis cicatrices como si fueran medallas, sé que la libertad tiene un precio alto, tan alto como el precio de la esclavitud; la única diferencia es que pagas con placer y con una sonrisa, incluso cuando es una sonrisa manchada de lágrimas.



El Zahir narra la historia de un conocido escritor que sufre la repentina despareción de su mujer, una periodista de guerra. Una vez que el protagonista comprende que su esposa no ha sido secuestrada sino que simplemente lo ha abandonado, comenzará una búsqueda que inevitablemente debe pasar por el reencuentro consigo mismo.

Me resulta complicado hablar sobre esta obra que me ha generado sentimientos encontrados y por eso más que nunca debo subrayar que lo que aquí vierto son mis opiniones absolutamente personales.



El Zahir es (o pretende ser) una de esas novelas espirituales (al menos esa es mi impresión). Sin embargo, el protagonista, que claramente tiene muchísimos rasgos autobiográficos, se me antoja un hombre bastante materialista, prepotente y petulante, lo cual choca rontalmente con el espíritu de la novela. Si bien es cierto que, como oportunamente le responde el protagonista a un periodista mientras le concede una entrevista, no es su intención dictar moralejas, pues para eso no escribiría una novela (supongo que le bastaría con una frase). El escritor (o su alter ego) arremete contra la crítica, que lo tacha de emplear un estilo demasiado sencillo, mientras que él se hace eco de sus números uno en ventas y sus traducciones a multitud de lenguas. Quizás tenga razón, pero en un libro como este, lo que menos espero es leer entre líneas (o no tan entre líneas) autodefensas de esta índole. La humildad es un rasgo que admiro y muchas veces los hechos son suficientemente explícitos por sí mismos.

Aparte el lado más "místico" de la novela, la historia propiamente dicha que se narra me ha resultado aburrida y absurda, especialmente los encuentros del escritor con un grupo de okupas y mendigos que a mi juicio están traídos a la fuerza, o las reuniones de "iluminados" en un restaurante parisino. Tampoco la forma en que se resuelve la novela me ha entusiasmado. A veces me parecía todo demasiado superficial y me costaba comprender a dónde quería llegar el autor. Desde mi punto de vista, para hablar del amor, de la libertad, de los reencuentros, no es necesario recurrir a un anecdotarío tan inverosímil.


Pero hay dos aspectos que me han gustado especialmente:  Por un lado, la parte más autobiográfica de la novela, esa que permite conocer al verdadero escritor. Por otro, ciertas historias que sí tienen una moraleja o enseñanza y varias citas como la que encabeza esta entrada en el "post" de hoy. Y hablando de citas, me apetece traer a colación esta que decía:

"Vas a ser consciente de tres cosas importantes. La primera: en el momento en el que las personas deciden afrontar un problema, se dan cuenta de que son mucho más capaces de lo que piensan. La segunda: toda la energía, toda la sabiduría, viene de la misma fuente desconocida, que normalmente llamamos Dios. La tercera: nadie está solo en sus tribulaciones, siempre hay alguien más pensando, alegrándose o sufriendo de la misma manera, y eso nos da fuerza para afrontar mejor el desafío que tenemos ante nosotros".

En definitiva, El Zahir me confunde, es un libro de fácil lectura y compleja interiorización que ciertamente  no sabría si recomendar a mis amigos.