lunes, 18 de marzo de 2013

El crimen del soldado

Título: El crimen del soldado
Autor: Erri de Luca

Una breve reseña para una breve novela.

Un nazi que, tras la guerra, emigra a Argentina y cambia su identidad. Una hija que descubre, ya de adulta, el pasado y la verdadera identidad de su padre. Un nazi que piensa que el único crimen del soldado es la derrota. Una hija que cree injustificables ciertos crímenes. Un padre que vive temeroso de ser descubierto por judíos supervivientes. Una hija que vive bajo el peso del pasado de su padre.



En definitiva, una historia que daría para una gran novela y que, desde mi punto de vista, se queda en un borrador de lo que podría haber sido y no fue, en la anécdota de una idea que daba para muchas e intensas páginas.

Lo leí en dos sentadas, lo olvide en un abrir y cerrar de ojos.

viernes, 22 de febrero de 2013

Caligrafía de los sueños

Caligrafía de los sueños
Autor: Juan Marsé
Año de publicación: 2011

Tengo una amiga. Pongamos que se llama Isla. Es un nombre especial porque ella es una chica especial: inalcanzable, enigmática y salvaje, como una isla. Mi amiga tenía un pretendiente. Pongamos que se llamaba Roca, pues él era constante, perseverante y firme en su propósito de conquistarla como una roca que se alza inhiesta frente a las olas del mar. Roca era inteligente y culto, apuesto y guapo. Inspiraba confianza y seguridad, virtudes de las que se valía para ganarse a la que ansiaba, fuese su futura suegra. Había estudiado un máster en una universidad americana y trabajaba como banquero, o consultor, o broker, uno de esos trabajos que dan dinero y exigen una gran dedicación. El cortejo fue constante y se prolongó durante años. No faltaron flores, cajas de bombones, cenas en los mejores restaurantes de Madrid, incluso alguna escapada a la ciudad del amor. "Es perfecto sobre el papel", decía Isla, pero se resistía a abrirle su corazón. Hasta que al final cedió y abrió la puerta. 

Lo suyo fue corto como una noche de verano. Un espejismo, un oasis en medio del desierto: lujo, viajes, joyas, hasta que un día, de pronto y sin previo aviso, la realidad se impuso e Isla lo abandonó. "Era demasiado guapo - justificaba ella tras la ruptura - y tan elegante que temía arrugarle la camisa al abrazarle. Destacaba en su trabajo, pero habría preferido que ganase un poco menos y tuviese más tiempo para mí. Era muy culto, tanto que a veces no parecíamos hablar el mismo idioma". 


La historia de Isla y Roca es la historia de "Caligrafía de los sueños": una novela perfecta sobre el papel que en la realidad no funciona. Tan perfecta, que Babelia la seleccionó como una de las mejores novelas de 2011. Juan Marsé es un gran escritor, de eso no cabe duda, y en esta obra lo demuestra. Su  estilo es elegante, detallista y poético, es cierto. Pero yo echo de menos ritmo, pasión y enganche. 

"Caligrafía de los sueños" nos cuenta una etapa de la vida de Ringo, un adolescente de la Barcelona de la posguerra que aspira a ser pianista. A través de Ringo el autor nos presenta a una serie de personajes entrañables que se cruzan en su día a día en el barrio de Gracia, y nos cuenta historias que se entrecruzan, como la de su padre, un rojo crítico con el régimen y el clero, o la señora Mir, una mujer desesperada por una historia de amor con un trágico final, o su hija Violeta, una joven poco agraciada con la que Ringo y sus amigos fantasean. 



Pero las historias, escritas en presente y con un narrador omnisciente, no terminan de enganchar. A punto estuve de tirar la toalla y cerrar el libro antes de alcanzar el punto y final, pero ya son tres las novelas abandonadas en los últimos tiempos y me obligué a darle una oportunidad, como Isla hizo  en su día con Roca. 

He de reconocer que hacia más de la mitad de la novela, la historia cobra algo de ritmo y, sobre todo, consigue resultar algo más entretenida. En toda buena historia hace falta un hilo argumental y una trama por resolver. Ingredientes que aviven la curiosidad del lector. Aquí parecen llegar demasiado tarde. Con Roca, personificación de la perfección, no hay sorpresas, porque cada día es como el anterior. Todo está intencionadamente planificado. En "Caligrafía de los sueños" ocurre algo similar: está meticulosamente bien escrita, pero le cuesta coger velocidad, involucrar al lector. Sólo en las últimas páginas da un giro inesperado y consigue tener un final relativamente sorprendente.



"Caligrafía de los sueños" tiene, según Marsé, mucho de autobiográfico. Recrea con gran habilidad  la Barcelona de la posguerra, la decadencia y la soledad de sus personajes y de su entorno de escasez y racionamiento. Es una novela más visual que argumental, un ejercicio de memoria que el autor parece regalarse a sí mismo, más que una historia escrita para entretener a los lectores. Una evidencia del buen escritor, más que un ejercicio arriesgado del novelista que comienza.

Veremos cuál es la siguiente apuesta de Marsé.

De Isla puedo contarles que sigue en busca de un compañero que lleve polvo en los zapatos y no llegue a final de mes. Un perfecto imperfecto. 

martes, 29 de enero de 2013

El guardián entre el centeno

El guardián entre el centeno
Título original: The catcher in the rye
Autor: JD Salinger
EEUU, 1951

Sigo buscando un libro-tatuaje y sigo sin encontrarlo.

Hace años leí "El guardián entre el centeno" y hace un par de semanas una amiga me preguntó si lo había leído. "Lo he leído, respondí, y no sabría decirte una palabra sobre él". Sé que lo he leído porque desde que recuerdo, apunto en una libreta el título y autor de cada uno de los libros que termino, también la fecha en que lo hago, y sé que cuando repaso mi libreta me topo con ese título y no consigo recordar si me gustó.
 
 
 
Sé que cuando lo leí tenía menos de veinte y más de quince años. Era la edad perfecta para "El guardián" (ahora que nos conocemos, me permito la familiaridad de quitarle el apellido) Y sin embargo aquí estoy, al menos dos lustros después, intentando comprender por qué en aquel momento "El guardián" no produjo en mí el efecto esperado y hoy, después de releerlo, me cuesta aún encontrar la razón. ¿Será la novela? ¿O seré, quizás deba asumirlo, yo? Ya lo anuncié en el post anterior: me temo que sufro una pérdida de sensibilidad progresiva.
 
Es curioso que ni entonces ni ahora me identifique con Holden Caulfield porque, que tire la primera piedra quien no haya tenido una adolescencia rebelde. A todos, como a Holden, la sociedad en que vivimos nos ha provocado nauseas, y si no, abran el periódico y lean, lean sobre corrupción, que las arcadas no tardarán en llegar.
 
¿Qué adolescente no ha sufrido la soledad que padece Holden en Nueva York, la ciudad del mundo donde esta parece una quimera? ¿Quién no ha sentido asco ante el cinismo de la gente? ¿Quién no ha cultivado la intolerancia en algún momento de su vida? La adolescencia, esa época de hormonas revolucionadas y ancé incontrolable nos hermana, como la muerte, a todo ser humano. Y sin embargo... sin embargo sigo sin sentirme una "guardiana"
 
 
 "El guardián", más de medio siglo después de su publicación, mantiene la vigencia en su planteamiento y en los temas que aborda: adolescencia, sexo, drogas, familia. No cuesta imaginar el efecto que provocaría su publicación allá por mitad del siglo XX: madres de familia escandalizadas, profesores ofendidos, monjas ojo pláticas. Bibliotecas prohibiendo la entrada a la obra de Salinger mientras a pocas manzanas los estudiantes traficaban con ejemplares manoseados de la novela. "El guardián" debió de provocar alharacas y tensiones en las familias más tradicionales, y la curiosidad de los adolescentes de la época. No en vano, treinta años después de su publicación ostentaba a la vez el título de libro más prohibido y el segundo más estudiado en los institutos estadounidenses. ¿Será esa doble moral americana la que tanto disgustaba a Holden?
 
Pero hoy estamos curados de espanto. Ya nada nos escandaliza. La televisión nos bombardea con Super Nannies y Hermanos Mayores. Al lado de los protagonistas de estos realities, Houlden es un angelito.
 
El sexo sigue despertando la curiosidad de los jóvenes, pero los achuchones de Caulfield con sus conquistas en el asiento trasero de un taxi les debe parecer un juego de jardín de infancia. Y para qué hablar de una expulsión del colegio. Se deben reír los estudiantes de hoy del pobre Holden, expulsado por haber suspendido todas las asignaturas menos Lengua. ¿Lengua? ¿Eso qué es? ¿Cómo conocimiento del medio? ¿O Educación para la ciudadanía?
  
 
El libro deja, además, un sabor amargo. El protagonista no evoluciona: su depresión, su melancolía, se mantienen lineales de principio a fin y a mí eso, qué quieren que es diga, me aburre (o me perturba, y cuando leo, lo que quiero es disfrutar). Como me aburre también el lenguaje de Holden, terminando cada frase con un "y todo eso", o comenzándola con un "jo". Vale que está narrado en primera persona, vale que el lenguaje de un adolescente da para lo que da, pero por Dios, ¿no podría emplear alguna otra muletilla? ¡Creo que no pido demasiado! 
 
"El guardián" es una historia lineal, con una progresión que más bien parece una regresión (el pobre muchacho se empoza en su propia miseria y lo único que nos mantienen en vilo hasta el final es el deseo de cerciorarnos de que logra escapar del bucle de desesperación en que se encuentra) Lo bueno es que se lee de un tirón; lo malo, que no deja poso... al menos, a mis treinta y pocos tacos.
 
Post Data 1: Si leen el libro y no comprenden el título, busquen en Wikipedia la explicación a esa traducción literal que no logra captar el sentido metafórico que Salinger quiso darle.
 Post Data 2: Me gustan las post datas.
 

domingo, 20 de enero de 2013

Libros tatuaje

Mi amiga quería regalar un libro. No acaba de salir de las cavernas y tampoco alcanza la treintena, pero es uno de esos especímenes en proceso de extinción que todavía contempla a los libros como posibles regalos de cumpleaños. Pero no queda ahí la cosa, porque mi amiga es, además, una de esas extrañas personas que no solo piden consejos, sino que después los siguen.
"¿Qué libros te han marcado?" Me preguntó. Mis labios comenzaron a moverse, pero mis cuerdas vocales no emitían sonido alguno: parecía encerrada en una película muda. Era problema de mi memoria, que no hallaba en los recuerdos más cercanos un título digno de mención, y se vio obligada a remar hacia atrás con insistencia. Repasé las entradas del blog. Nada, ninguno de los títulos del índice alcanzaban la categoría de “libros – tatuaje”. Debía retroceder más.
Después de un buen rato dándole vueltas, llegué a la conclusión de que la mayoría de los libros que habían supuesto en mi vida un antes y un después, que me habían impactado en lo personal o en lo literario, los había descubierto en mi adolescencia.
Un sexo llamado débil”, de José Luis Martín Vigil, fue el primer título del que le hablé. Aún recuerdo el nombre de las protagonistas: Paula, Coro y Baby, tres adolescentes en pleno desarrollo personal cuyas cartas al escritor dieron forma a la novela, según creo recordar. Lo leí varias veces en su día y no temería volver a hacerlo, porque estoy convencida de que volvería a cautivarme y no se cumplirían los temores que confesó Papini cuando dijo: "No he querido volver a leer nunca más los cinco o seis libros que me gustaban con delirio en mi primera juventud: tengo miedo de perderlos para siempre"
Recordé también, aunque no se lo dije a mi amiga - reconozco que me daba cierto pudor hablarle de mis libros de adolescente -  Iba para figura”, otra vez del ex jesuita Martín Vigil, y “El último set”, de Jordi Sierra i Frabra.Dos libros de deportistas juveniles que leí más de una vez y cuyos personajes alcanzaron vida propia, como debe ocurrir con las buenas novelas.
Mi amiga me miraba expectante. Mis ojos se perdían en el vacío y mi memoria continuaba trabajando. Si hubiese sido un ordenador, se habría dibujado en mi frente el famoso reloj de arena de los PCs, pero me temo que en ese momento mi cara sólo mostraba duda y una incipiente desesperación.  
La ciudad y los perros”, dije intentando salir del atolladero. "Varguitas es un acierto seguro", pensé. Pero comprobé que nombrar a un premio nobel puede asustar un poco. No le expliqué que era fácil de leer, que la trama engancha desde las primera páginas, aunque sí le hablé del desenlace: “Es impactante, de esos que te ponen la piel de gallina”. Oculté que aquella historia tan bien atada, que juega al perspectivismo con una agilidad pasmosa,  me había enganchado principalmente por ser la primera escrita por un veinteañero peruano para el que convertirse en novelista aún no era más que un sueño. 

Un par de minutos después, cuando mi amiga seguramente empezaba a dudar de la lectora ávida por la que siempre me había tenido, el título salió solo de mis labios como un torrente incontrolado, rebelde incluso: “La lluvia amarilla”, dije de sopetón. Me miró con escepticismo. Me pregunto retóricamente qué tipo de lluvia le viene a la gente a la mente cuando nombro esa novela. No era la primera vez que veía una reacción similar y no necesité que me explicase la causa de su desconcierto: “La lluvia amarilla, no la lluvia dorada”, aclaré. Las mejillas de mi amiga se ruborizaron y yo miré a otro lado para ahorrarle un momento de vergüenza. “Es el libro más triste y melancólico que he leído jamás”, le aclaré. “Su prosa se lee como poesía”. Y pasé a recitarle un par de párrafos que hace años aprendí de memoria y que explican el título del libro.
Como decía al principio del post, mi amiga es de las que siguen los consejos, y regaló la novela de Julio Llamazares. Sinceramente espero que el receptor del regalo haya sabido encontrar en cada línea la misma belleza que yo hallé en "La lluvia amarilla".
Desde ese día sigo buscando otro libro-tatuaje, pero no doy con ninguno. ¿Será estúpido empeñarme en terminar novelas como “Caligrafía de los sueños”, que no ha logrado en más de doscientas páginas despertar mi interés? ¿Debería cerrar esos libros que desaparecen como los polvos de talco con un soplo de aire, y continuar indagando en las estanterías de las librerías hasta dar con otra novela que me cautive? Entonces me pregunto si no será mi sensibilidad, o mejor dicho, la falta de ella, la que me impide reconocer una novela de esas que se clavan como tinta en la piel. O quizás sea simplemente la edad, que no perdona, porque con quince o veinte años aún me reconocía en los protagonistas de los libros que caían entre mis manos, pero hoy, pasados los treinta, ya no me caso con nadie.

Sea como fuere, no me rindo, seguiré buscando bajo las tapas de los libros alguna historia que se tatúe indeleble en mi memoria y me acompañe durante años como lo hace aún “Un sexo llamado débil”.

miércoles, 2 de enero de 2013

Misión Olvido

Título original: Misión Olvido
Autora: María Dueñas, Puertollano, Ciudad Real, 1964

Tras el impredecible, y casi me atrevería a decir que inexplicable, éxito de ventas de "El tiempo entre costuras", resulta inevitable querer comparar la ópera prima de la autora puertollanera con su segunda obra, "Misión Olvido". 



En ambas novelas María Dueñas utiliza como protagonista a una mujer herida que huye de su pasado. En "Misión Olvido" perfila a la que podríamos llamar su alter ego, Blanca Perea, una profesora universitaria que sobrepasa la cuarentena,  con hijos prácticamente independizados, de quien Dueñas se vale para trazar el hilo conductor de la novela. La profesora Perea pone tierra (y agua) de por medio para alejarse de un matrimonio recientemente fracasado. Sin signos de pereza aparente se lía la manta a la cabeza y toma la decisión de cruzar el charco, instalándose temporalmente en Santa Cecilia, California, donde es contratada por una fundación privada para el desarrollo de una beca consistente en desempolvar y ordenar el legado de un antiguo profesor universitario ya fallecido, Andrés Fontana. Si en un principio esta resulta una tarea poco interesante para la propia implicada, menos atractiva se ofrece, al menos a priori, para el lector. Durante este periplo en tierras californianas Blanca conocerá al tercer personaje en torno al cual gira la obra: Daniel Carter, un antiguo alumno de Fontana.

La novela está narrada en dos voces. Por una parte Perea rememora en primera persona y un pasado muy cercano su propia experiencia personal: su fracasado matrimonio, el viaje a California, los avances en el trabajo para el que ha sido becada. Por otra parte un narrador omnisciente se remonta a los años treinta y cincuenta y nos hace partícipes de la vida, aventuras y desventuras de Andrés Fontana y Daniel Carter. En este punto debo decir que durante toda la novela tuve la impresión de que Dueñas no echó cuentas: no hay coherencia entre la edad que debería tener Carter y el personaje activo (y atractivo) que la escritora pone en la vida de Perea allá por la segunda década del nuevo milenio. Para mí, se trata de un descuido de tales dimensiones que resta credibilidad y fuerza en más de una ocasión a la relación entre los personajes.


 
Pese a todo, frente a los nuevos best sellers que arrasan en las librerías (y creo que también en la red) como las famosas "Cincuenta sombras de Grey", que según tengo entendido está pésimamente escrito, a "Misión Olvido" hay que reconocerle un estilo cuidado y pulido que a veces, para mi gusto, le llega incluso a restar algo de frescura.

Además, la novela está mejor hilada que "El tiempo entre Costuras". Aquí el círculo está cerrado. El argumento de "Misión Olvido" no es ni la mitad de rocambolesco de lo que en ciertos momentos resultaba el de la novela sobre la modista madrileña y da la impresión de que la autora, esta vez,  ha empezado a escribir conociendo el final de la obra, lo que le permite ir desgranando a lo largo de las páginas ciertas pistas que deberían, aunque quizás no siempre lo consigan, alimentar la intriga del lector. Y es que a mí, personalmente "El tiempo entre Costuras" me dio la impresión de haberse escrito a trompicones y en general, pese a reconocerle un gran poder de entretenimiento y evasión, me resultó muy irregular. Sin embargo, "Misión Olvido" parece estar hilvanada desde un comienzo.

Dueñas se aleja esta vez del tono efectista y detectivesco que dotaron del éxito comercial a su primera obra y adquiere una perspectiva mucho más intimista y reflexiva. Creo que es una decisión consciente y de ahí la diferencia de edad de las protagonistas de una y otra novela: En Misión Olvido" Perea le da voz a una mujer madura y responsable, mientras que la famosa Sira de "El tiempo entre costuras" era una adorable y alocada joven dispuesta a ponerse el mundo por montera.

En cuanto al contenido histórico, ni qué decir tiene que en la primera novela de la autora este adquiere un peso potente, siendo impensable concebir la historia enmarcada en otro periodo temporal, algo que no ocurre con "Misión Olvido", donde la historia de los misioneros franciscanos en California llega a resultar tediosa y carente de interés.


"Misión Olvido" no alcanza el clímax en ningún momento y sin embargo es una novela agradable de tener entre las manos, que se lee fácilmente de un tirón, a pesar de lo aburrido de algunos pasajes como los dedicados al establecimiento de un centro comercial que amenaza con destruir un paraje cercano a la universidad californiana.

Que el éxito de "El tiempo entre costuras" no lo va a alcanzar "Misión Olvido" es un hecho que preveo con claridad. Pero catalogar a una u otra como mejor novela, a eso, hoy por hoy, no me atrevo. 

martes, 11 de diciembre de 2012

Paula

Título original: Paula
Autora: Isabel Allende, Chile, 1942

Una cita: Mi vida se hace al contarla y mi memoria se fija con la escritura; lo que no pongo en palabras sobre el papel, lo borra el tiempo.

Quizás la cita que acabo de escribir sea la que dé vida a esta novela. Creo que podría opinar mejor sobre Paula si antes hubiese leído "La casa de los espíritus", pero lo cierto es que en esta especie de trilogía de la vida de Isabel Allende empecé por el final - hace un par de años leí "La suma de los días", donde Allende relata su vida "después de Paula".

Paula, al contrario de lo que pensaba, no es sólo la historia sobre la muerte de una hija por culpa de una enfermedad poco conocida, la porfiria, y seguramente también por la negligencia de unos médicos que facilitaron el paso de esa joven recién casada a un estado de coma irreversible. Mientras compartía con su hija horas de hospital, de esperanza, de silencio, y también de desesperación  Isabel fue desgranando en estas páginas la historia de su propia vida, que se escribe, inevitablemente, en paralelo a la historia del país que dejó hace décadas y al que, sin embargo, se siente firmemente enraizada: Chile.



La novela es un paseo por el Chile de Salvador Allende, tío de la escritora, y de Pinochet, cuya dictadura determinó el exilio de los Allende a Venezuela. Pero también es una mirada a sus raíces y su pasado, es un ejercicio de memoria tan feroz que a veces me preguntaba, mientras leía, si la anécdotas que se cuentan no serían solo producto de la imaginación de la escritora, pues cuesta creer en una memoria tan poderosa capaz de poner en pie una historia plagada de personajes y sentimientos.

En Paula, y con seguridad también en "La casa de los espíritus", se percibe la espiritualidad de la escritora. Isabel Allende es capaz de comunicarse con sus antepasados, de percibir su presencia, de sentir su compañía. Es una persona unida a la vida no sólo terrenal - tiene una potente forma de integrarse con la naturaleza - sino también a la vida del más allá. Allende convive con naturalidad con sus muertos, y así su tribu, como ella llama a su familia, no conoce límites ni geográficos ni temporales.

A lo largo de la novela, mientras se mezclan historias del pasado con el paso inexorable hacia la muerte de su hija, Allende pasa por todos los estados de ánimo posibles: la rabia y la esperanza, la determinación para seguir luchando, la desesperación o la final aceptación, con una paz sobrecogedora, de la muerte inevitable de su hija. Después de meses de hospital y cuidados intensivos, Allende acaba por recibir el paso a la otra vida con los brazos abiertos y con una tranquilidad de espíritu admirable y envidiable. 



Por último, Allende también nos hace cómplices de su vida profesional, que desemboca, de forma imprevista y no premeditada, en la literatura, actividad de la que se sirve para alcanzar su propia paz interior y en la que se mueve con absoluta desenvoltura, convirtiéndose en una magnífica narradora y contadora de historias. En general me gusta leer sobre la vocación de los escritores y me llaman la atención casos como el de la chilena donde el oficio apareció tardíamente y desde lo más íntimo, sin ningún otro afán que el de vaciar sus entrañas y reconciliarse consigo misma. Isabel comenzó escribiendo Paula como fin para comunicarse con su hija, para ser su memoria durante el estado de inconsciencia, pero termina siendo una preciosa carta de despedida.

sábado, 10 de noviembre de 2012

El olvido que seremos

Título original: El olvido que seremos
Autor: Héctor Abad Faciolince
Seix Barral, 2007

Una cita: Si quieres que tu hijo sea bueno, hazlo feliz, si quieres que sea mejor, hazlo más feliz. Los hacemos felices para que sean buenos y para que luego su bondad aumente su felicidad.


Veinte años después del asesinato de su padre en una calle de Medellín por sicarios paramilitares, Héctor Abad Faciolince afronta el reto de rescatar de su memoria la historia de su padre, de su familia y de su país. Médico humanista, catedrático de universidad, consultor de la OMS, Héctor Abad Gómez dedicó su vida a enraízar en la sociedad colombiana la medicina preventiva y social y la protección de los derechos humanos. Sin embargo, su ideología izquierdista le granjeó una serie de enemistades que desembocaron en su propio asesinato a sangre fría, evento que marcó la vida de su hijo.



El olvido que seremos es un homenaje al padre asesinado, pero también es una novela de hermoso amor franternal y filial, un testimonio de la violencia política que sembró el miedo en Colombia, un alegato contra el terror, un elogio a las personas que dieron su vida luchando por unos ideales en los que creían con firmeza.

Héctor Abad dejó pasar veinte años antes de recrear la vida de su padre. Quizás gracias al tamiz del tiempo, el colombiano logra alejarse del tono lacrimógeno y excesivamente sentimental en que fácilmente podría haber caído. Sin embargo, El olvido que seremos es una novela con una prosa precisa y clara, inteligente y culta. Una obra escrita con lucidez y finura, y con una maestría técnica que esconde intencionadamente ciertos datos para azuzar la expectación del lector y atraparlo de principio a fin. Es, además, un testimonio sincero con la memoria de su padre. No trata de idealizar la figura del progenitor asesinado, sino que revela, superando su pudor, las debilidades y errores de su padre, pero también los suyos propios. En varias ocasiones narra anécdotas que ponen en evidencia su propia cobardía y el lector percibe la vergüenza de sus faltas, de su pasividad.


El ovlido que seremos me ha conmovido, al margen de por la violencia política que describe, por la relación del padre con el hijo. La indulgencia del progenitor con el único varón de su fértil descendencia, la casi ceguera que le impide ver los errores de su hijo, ser crítico con su inconstancia en cada labor que despempeña, con su parálisis o con sus miedos, son enternecedoras. Héctor Abad "hijo" admite que el hecho de haber sido amado por su padre sin fisuras ni condiciones, tal como era, es lo que le empuja a tratar de ser menos malo de lo que su institnto natural le dictaría, aunque la fe que el padre deposita en el ser humano contrasta con el escepticismo que a veces se adivina en el hijo. El escritor es un ejemplo palpable de cómo la educación de los padres es determinante en el carácter de los hijos hasta el punto de crearles unas inseguridades o confianza que les acompañarán por el resto de sus vidas.


El carácter tolerante del médico colombiano se pone de manifiesto también en su respeto por la Iglesia, seguramente debido a la influencia de su matrimonio con Celia Facioleone, miembro de una familia religiosa y conservadora. El hijo y autor de la novela, sin embargo, arremete en muchas ocasiones contra la religión cristina de una forma, desde mi punto de vista, algo cerril. Y pese a sus embestidas, el escritor acaba haciendo tantas referencias a ese Dios al que culpa de sus desgracias, que uno acaba pensando que detrás de su fachada de ateo se esconde una fe paltitante. En este sentido, me veo en la obligación de señalar un dato que me dejó absolutamente perpleja. El olvido que seremos es un profundo trabajo de memoria y documentación plagado de datos y nombres. Sin embargo, en una de sus páginas, Abad Faciolince llega a afirmar que Pío XII fue "una desgracia para los judíos y una vergüneza de la cristiandad". Sin ánimo de extenderme demasiado, tengo que hacer mención al libro "El mito del papa de Hitler", escrito por el rabino David G. Dalin, donde el judío desmonta meticulosamente y con cientos de referencias históricas y documentales el falso mito creado en torno a Pio XII a raíz de una obra de teatro que se convirtió en avanzadilla de un ataque furibundo. Dalin sale en defensa del Papa en un alegato que trata de hacer justicia a la figura de un hombre que salvó de vida de miles de hijos del pueblo hebreo.



La novela de Abad Faciolince toma su nombre de un poema de Borges que Abad Gómez llevaba manuscrito en el bolsillo el día de su asesinato, como si hubiese presagiado su propia muerte. Para hacer frente al "olvido que seremos" y que perdure el recuerdo de su padre, escribe el hijo esta novela. Así lo dice en una de sus páginas: "Es una de las paradojas más tristes de mi vida: casi todo lo que he escrito, lo he escrito para alguien que no puede leerme, y este mismo libro no es otra cosa que la carta a una sombra". Hay una preciosa referencia al miedo al olvido en el discurso que un amigo de Héctor Abad leyó junto a su tumba: "Yo sé que lamentarán la ausencia tuya y un llanto de verdad humedecerá los ojos que te vieron y te conocieron. Después llegará ese tremendo borrón, porque somos tierra fácil para el olvido de lo que más queremos (...) Y llegará ese olvido y será como un monstruo que todo lo arrasa, y tampoco de tu nombre tendrán memoria". Merece la pena leer todo el libro aunque fuera solamente para abordar el último capítulo del libro, titulado "El olvido", el eje en torno al cual se mueve toda la novela y que supone una preciosa reflexión sobre nuestro paso por la tierra.
 
Ya somos el olvido que seremos.
El polvo elemental que nos ignora
y que fue el rojo Adán y que es ahora
todos los hombres y los que seremos.

Ya somos en la tumba las dos fechas
del principio y el término. La caja,
la obscena corrupción y la mortaja,
los triunfos de la muerte y las endechas (...)